St. Dominic Catholic Church

2002 Merton Ave | Los Angeles, CA 90041 | (323) 254-2519

Homilies


¿Una Fe de "Comida Rápida" o de Transformación? P. Roberto 2020-1-26 3er Domingo

Homilía para el 3er Domingo de Tiempo Ordinario – Año A

P. Roberto Corral, OP

Iglesia Sto. Domingo, Los Angeles, CA

26 enero 2020

 

Título: ¿Una Fe de Comida Rápida o de Transformación?

Tema: ¿Queremos una fe que sea rápida, barata y fácil o una fe transformadora?

Lecturas: Isaías 8,23-9,3; 1Corintios 1,10-13, 17; Mateo 4,12-23

 

Imagínate que estás sentado en tu taquería favorita preparándote para devorar un gordo y jugoso burrito de carne asada con guacamole, queso, arroz, frijoles y qué sé yo. O unos tacos al pastor riquísimos. Mmmmm. ¿Ya los puedes saborear? ¿Por qué nos gusta tanto la comida rápida? Bueno, en primer lugar, porque sabe tan bueno, ¿verdad? ¡Aunque no es saludable para nosotros, sabe rico, ¿verdad? Pero también nos gusta la comida rápida porque es rápida, relativamente barata y fácil. No tenemos que cocinar o poner la mesa, ni tenemos que lavar los trastes. Simplemente la ordenamos, pagamos, nos la comemos y tiramos la basura cuando hemos terminado, ¿qué no?

 

Rápido, barato y fácil. Eso funciona para la comida rápida, pero no funciona para nada importante en la vida. Por ejemplo, desde luego que no podemos esperar que nuestras relaciones importantes sean rápidas, baratas y fáciles. Imagínate decir a tu pareja: "Cariño, te quiero mucho, pero prefiero que nuestra relación sea rápida, barata y fácil para mí, ¿está bien?" Bueno, si esa es tu actitud, ¡prepárate para tener un divorcio rápido, barato y fácil! Y ahora para ustedes que son padres de familia: ¿dirían ustedes que su relación con sus hijos es rápida, barata y fácil? No lo creo. Las relaciones – y todas las cosas que son importantes en la vida – no son rápidas, baratas o fáciles; al contrario, toman tiempo, energía y compromiso.

 

Bueno, como católicos espero que todos estén de acuerdo que la relación más importante en nuestra vida es nuestra relación con Dios, ¿correcto? Pues entonces, ¿por qué tantos católicos queremos que nuestra relación con Dios sea rápida, barata y fácil para nosotros? Por ejemplo, ¿cuántas personas dicen o piensan así: "Todo lo que quiero hacer es rezar cuando me tenga tiempo, ir a Misa cuando me den la ganas, dar un dólar en la colecta e irme? Así que, por favor, no hagas la Misa muy larga y no me pidas que dé más o que haga otra cosa." O, ¿cuántos de ustedes han dicho, “Por qué tengo que ir a una clase para bautizar a mi hijo?" O, "¿Por qué tengo que asistir a clases por dos años sólo para confirmarme?" Todos esos comentarios reflejan una  mentalidad de comida rápida en cuanto nuestra fe y nuestra relación con Dios: la queremos rápida, barata y fácil para nosotros.

 

Entonces, mi pregunta para nosotros hoy es: ¿Quieres una fe de “comida rápida” que sea rápida, barata y fácil, que podamos cumplir con un mínimo de esfuerzo y sin compromiso, o quieres una fe que pueda transformar tu vida, hacerte más feliz, darte un propósito para la vida y acercarte más a Dios? Te garantizo que una fe rápida, barata y fácil nunca te transformará ni te acercará más a Dios ni te hará más feliz. Ahora mi segunda pregunta es: ¿Qué clase de fe crees que Dios quiere que tengas? ¿Crees que Jesús dejó de ser Dios todopoderoso para nacer en este mundo, vivir, sufrir, morir en la cruz y resucitar de entre los muertos simplemente para que pudiéramos tener una fe rápida, barata y fácil de asistir a Misa de vez en cuando y orar cuando nos den las ganas? ¡De ninguna manera! Vean ese crucifijo en nuestra iglesia – ¡eso no es rápido, barato o fácil! ¿Amén? ¡Amén! ¡Jesús dio todo por nosotros porque quiere que seamos transformados, porque quiere que seamos felices y contentos por tener una relación profunda y personal con él! Y si queremos eso para nosotros mismos, entonces no va a ser rápido, barato o fácil, sino que nos va a costar tiempo, energía y compromiso para el resto de nuestras vidas.

 

El Evangelio de hoy nos da el gran ejemplo de los primeros discípulos que siguieron a Jesús. El Evangelio dice que cuando Jesús llamó a Pedro, Andrés, Santiago y Juan "dejaron las redes y lo siguieron". Repítanmelo por favor: "dejaron las redes y lo siguieron". ¿Entiendes lo que eso significa? Significa que dejaron todo atrás, sus trabajos, su seguridad, sus familias y amigos, para seguir a Jesús. Eso no es fe de comida rápida; eso no es rápido, barato o fácil; eso no es hacer lo mínimo. Esa es una fe transformadora; eso es lo que los hizo discípulos de Jesús, y eso es lo que Jesús quiere para todos nosotros y de todos nosotros: ser sus discípulos y tener una fe transformadora. Ahora bien, ser un discípulo de Jesús no significa literalmente que tengas que dejar tu trabajo, tu familias, tu hogar y todas tus pertenencias para seguir a Jesús; pero sí significa que tienes que ponerlo a él y a tu relación con él primero en tu vida antes que todas esas otras cosas y personas. Significa entregar tu vida a Jesús y darle tu mejor esfuerzo, tiempo, energía, dinero y compromiso. Ser un discípulo de Jesús significa que haces más por tu fe que solo venir a Misa. Ahora, entiéndanme, venir a Misa es genial e importante, pero no es lo suficiente. Venir a Misa, por sí solo, no transformará tu vida. Permítanme repetir eso: venir a Misa, por sí solo, no transformará tu vida.

 

Lo que sí transformará tu vida es ser un discípulo de Jesús. Lo que eso significa es que, además de venir a Misa – ojalá cada semana – haces de la oración una prioridad en tu vida. Hablas con Dios y escuchas a Dios todos los días o al menos la mayoría de los días. Significa que buscas crecer en tu fe por leer la palabra de Dios en la Biblia de manera regular y, si es posible, venir a un estudio bíblico o a un pequeño grupo donde puedes compartir con otros cristianos católicos las alegrías y los desafíos de seguir a Jesús. Ser un discípulo significa que sirves a otros en un ministerio en esta parroquia o de alguna otra manera significativa. Significa que das generosamente en la colección aquí en la Misa y a otras causas caritativas. Eso no es catolicismo rápido, barato o fácil; es catolicismo real, es fe transformadora, es discipulado.

 

Ahora, permítanme hacerles una pregunta a ustedes padres y abuelos de familia: ¿No les gustaría ver felices a sus hijos o nietos, que tengan un sentido de paz y propósito en sus vidas y que vengan a la iglesia regularmente? Estoy seguro de que sí les gustaría. ¿Qué les dará a sus hijos o nietos la mejor posibilidad de tener esas cualidades? ¿Es el dinero? ¿Tener un buen trabajo o muchas cosas? ¡No! Es tener fe, tener una relación significativa con Jesús que les dará todas esas cosas. Entonces, padres y abuelos, no les dejen a sus hijos simplemente un legado de un automóvil, o casa o dinero cuando mueran; déjenles lo que más necesitarán para ayudarlos en sus vidas: su fe y sus valores. Pero no les dejen simplemente una fe de comida rápida; ¡déjenles una fe transformadora! Y recuerda que no puedes dar lo que no tienes, así que, si no tienes una fe transformadora, lo más probable es que tus hijos tampoco la tendrán.

 

En fin, una vez más, mis hermanos y hermanas, la pregunta es, ¿quieres una fe de comida rápida que sea rápida, barata y fácil o una fe transformadora? ¿Quieres ser simplemente un feligrés que viene a Misa sin ningún compromiso, o quieres ser un discípulo? Si es así, ¿estás dispuesto a dar el tiempo, la energía y el compromiso para que puedas dejar tus redes a un lado, seguir a Jesús y dejar que él te transforme?